Crónica de un colapso anunciado: un estudio ya advertía que urbanizar la zona alta era “insustentable”

13 de enero, 2026 - 20:14

La imagen es elocuente y aterradora: un paredón de bloques de hormigón yace desmoronado sobre la vereda, bloqueando el paso y dejando al descubierto la fragilidad de las viviendas que supuestamente protegía. A pocos metros, el asfalto de una calle recién pavimentada se levanta como si una fuerza invisible lo empujara desde las profundidades, impidiendo el tránsito vehicular.

Lo que para los vecinos de los barrios Sismográfica y El Marquesado es una emergencia que genera angustia e incertidumbre habitacional —resumida en la frase «se nos están cayendo las casas»—, para la ciencia es la confirmación de un diagnóstico escrito hace años.

No se trata de hechos aislados, ni de “mala suerte”, ni simplemente de una obra mal ejecutada. Según el Trabajo Final de Grado del geólogo Pablo Vidal (UNPSJB, 2018), titulado “Reconocimiento Geológico y Caracterización del Comportamiento Geomecánico”, la inestabilidad que hoy alarma a la comunidad responde a procesos naturales activos que convierten a este sector en una zona de peligrosidad geológica de alta a muy alta.

El Sismográfica: Un barrio sobre un “tobogán” de arcilla

Para entender por qué se parten las paredes hoy, es necesario mirar hacia atrás. Vidal detalla en su investigación que el Barrio Sismográfica se asienta, en gran parte, sobre un antiguo deslizamiento de tipo rotacionalque data de 1969. Este fenómeno, ubicado en el faldeo sur del Cerro Hermitte, implica que el barrio está construido sobre una masa de tierra de 600 por 800 metros que ya se desplazó en el pasado, pero que mantiene su inestabilidad latente.

El estudio es contundente: las viviendas con mayores problemas son aquellas ubicadas sobre el “lóbulo” de este deslizamiento. Esta masa ejerce una presión constante en dirección sureste, lo que provoca el fracturamiento y combamiento (curvatura) de las estructuras. La tierra empuja y el cemento cede.

El cerro que “gatea”: El sutil pero implacable movimiento del suelo

Pero el gran derrumbe no es el único peligro; hay otro enemigo que trabaja en silencio, centímetro a centímetro. La ciencia lo llama reptaje, pero en la práctica es como si el cerro estuviera “gateando” ladera abajo. Es un movimiento tan pausado que resulta imperceptible a simple vista en el día a día, pero su fuerza es devastadora con el paso de los años.

Es como si la montaña fuera una alfombra que se desliza lentamente bajo los muebles: por fuera todo parece quieto, pero la estructura se estresa hasta quebrarse. Los indicadores de este “arrastre” están a la vista de todos si sabemos dónde mirar: los postes de alumbrado parecen hacer una reverencia forzada inclinándose unos 30 grados, los cordones cuneta se estiran como si fueran de goma y las veredas terminan rindiéndose, partidas por una presión que no pueden contener.

Además, la composición del terreno juega en contra. El suelo de la zona contiene arcillas que reaccionan al agua. Al estar el barrio bajo la sombra que proyecta el Cerro Hermitte la mayor parte del tiempo, la evaporación se retrasa notablemente. Esto mantiene el suelo con una humedad constante, dejándolo en un estado “plástico” que facilita su movimiento ante cualquier carga extra, como la construcción de una vivienda.

El efecto dominó: Marquesado y Los Tilos

La presión que ejerce el Cerro Hermitte no se detiene en los límites del Sismográfica. Los barrios contiguos, como Los Tilos (al noreste) y El Marquesado (al sur), sufren las consecuencias de estos “esfuerzos regionales”.

Vidal explica en su tesis que las grietas que inclinan aproximadamente 45° en estos sectores, y que se encuentran en paredes perpendiculares a la pendiente, son provocadas por asentamientos diferenciales

Básicamente, el suelo cede de manera despareja, rompiendo la mampostería. El reciente levantamiento del asfalto, calificado como “sorprendente” por los vecinos, responde a esta misma dinámica: el terreno busca acomodarse y rompe la rigidez del pavimento.

Divina Providencia y el peligro oculto: El efecto “queso suizo” bajo el suelo

Si bien el Sismográfica sufre por lo que se mueve arriba, el barrio Divina Providenciaenfrenta un enemigo invisible que actúa por abajo: la erosión por “piping”.

Para entenderlo sin tecnicismos, imagine que el agua de lluvia o de una pérdida de cañería penetra en el suelo y empieza a “lavar” la tierra por dentro, como si excavara túneles de un hormiguero invisible. Con el tiempo, el suelo deja de ser un bloque sólido y se convierte en una especie de “queso suizo” lleno de huecos y tuberías naturales.

El peligro es que, desde la superficie, todo parece normal hasta que el techo de esos túneles no aguanta más el peso de una casa y colapsa. El geólogo Vidal advierte que este fenómeno genera asentamientos repentinos, dejando literalmente el aire bajo las plateas de las viviendas. Es una trampa subterránea: la casa no se cae porque esté mal construida, sino porque el suelo que la sostiene se ha vuelto hueco.

El mapa de la verdad: Una zona en rojo

Uno de los aportes más valiosos del trabajo de Vidal es la elaboración del Mapa de Peligrosidad Geológica, una herramienta que modela la realidad del suelo y que debería ser la base indiscutible para la planificación urbana en la ciudad.

El mapa revela una realidad que hoy golpea a los vecinos:

  • Zona Roja (Peligro Máximo): Afecta a casi todo el Barrio Sismográfica. Aquí se suma todo lo malo: pendientes muy empinadas y la cercanía a «fallas» (grietas profundas en la roca de la montaña) que hacen que el cerro sea mucho más débil y propenso a romperse. Es, según el geólogo, el lugar más insustentable para vivir debido al riesgo constante de nuevos derrumbes.
  • Zona Naranja (Peligro Moderado):Afecta a gran parte de Divina Providencia. Aquí el riesgo principal es que el suelo ceda de forma despareja debido a esos túneles subterráneos (piping) y a rellenos de tierra que no fueron bien compactados en el pasado.

El geólogo concluye en su trabajo que el Barrio Sismográfica constituye “el ejemplo más insostenible de consolidación urbana frente al riesgo de reactivación de procesos de remoción”. Las zonas marcadas en el mapa con mayor peligrosidad coinciden exactamente con los lugares donde hoy los vecinos reportan que “se levanta el asfalto” o “se caen los muros”.

¿Qué nos dice el suelo?

La conclusión técnica es mucho más que un informe: es el lenguaje de un terreno que tiene memoria. El cerro se mueve porque sus laderas cargan con “cicatrices” de viejos derrumbes que nunca terminaron de sanar y que hoy se reabren ante la presión. El suelo no es un bloque sólido; es un organismo vivo cuyas arcillas, al recibir humedad, se hinchan y respiran, empujando todo lo que intentamos mantener quieto.

“Es necesario conocer el comportamiento del suelo para evitar que actúe de manera inesperada”, advierte el estudio de Pablo Vidal. Hoy, lamentablemente, el cerro no está haciendo nada “raro”: está actuando exactamente como la ciencia preveía, pero de una forma traumática para quienes hicieron de este lugar su hogar.

Mientras la comunidad busca respuestas en los despachos políticos, la geología ya ha dictado su propia sentencia. El mapa nos advierte que se puede construir en casi cualquier lado, pero intentar domar un cerro que ha decidido volver a caminar es una batalla desigual. Al final del día, el cemento tiene un límite de resistencia, pero el cerro tiene todo el tiempo del mundo.

Fuente consultada: Vidal, Pablo Ángel (2018). “Reconocimiento geológico y caracterización del comportamiento geomecánico de unidades de suelos y rocas sedimentarias en los barrios Divina Providencia y Sismográfica”. Trabajo final de grado, Departamento de Geología, UNPSJB.

Por Juliana Nahir Olivera.

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